Cómo se prepara Rusia para el Mundial de 2018

Dentro de dos años y medio, las mejores selecciones de fútbol competirán en Rusia por hacerse con la copa del mundo. En estos momentos avanza la construcción de los estadios y de infraestructura en 11 ciudades.

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Desde aquel 2 de diciembre de 2010, cuando se anunció que Rusia era la elegida como sede del Mundial de 2018, han cambiado muchas cosas tanto en el país como en la propia FIFA. Han ocurrido cosas que entonces parecían del reino de la fantasía. Con todo, Rusia continúa preparándose a conciencia de cara al Mundial, para el que quedan algo más de dos años.

La victoria de Rusia y Qatar en diciembre de 2010 fue el punto de partida para multitud de problemas en la FIFA.

Las acusaciones al comité ejecutivo crecieron como una bola de nieve y a día de hoy la organización no goza de la confianza de todo el mundo. Rusia debe preparase para albergar el campeonato mientras el fútbol mundial atraviesa una difícil situación. Por el momento, los escándalos no han obstaculizado los preparativos. Pero hay que reconocer que durante este año se pondrán en claro muchas cosas.

A nivel deportivo

En estos últimos cinco años también la propia selección de fútbol de Rusia ha cambiado hasta lo irreconocible. En la fase de clasificación de la Eurocopa de 2012  se encontraba en su punto álgido. Rusia se presentó con un nuevo entrenador, Dick Advokaat. Andréi Arshavin era el capitán de la selección y Alexander Kerzhakov y Pável Pogrebniak, los goleadores.

No tiene sentido enumerar detalladamente todo lo que ha ocurrido con el primer equipo en esos cinco años. Nos limitaremos a decir que lo bueno ha escaseado. De la mano de Advokaat, la selección entró en la Eurocopa 2012 con opciones de pelear por los puestos más altos, pero se hundió en el grupo más débil del torneo. Idénticos pasos siguió el sucesor del holandés, el italiano Fabio Capello, que llevó el equipo al Mundial de Brasil de 2014, y después se hundió estrepitosamente en el grupo de los belgas, los argelinos y los coreanos.

A diferencia de Advokaat, al italiano también se le recuerda en Rusia por un sonado escándalo en torno a su contrato. Cuando se celebró el Mundial de 2014, Capello era uno de los técnicos que más cobrarba del mundo. La Unión del Fútbol de Rusia, que en su momento aceptó las condiciones del italiano, finalmente no pudo encontrar dinero para pagar los honorarios de la celebridad, y el contrato acabó rescindiéndose.

Actualmente dirige la selección el primer entrenador del CSKA, Leonid Slutski, el primer ruso en ocupar este cargo desde 2006. Sus inicios fueron convincentes; sacó a la selección de la crisis para llevarla directamente hacia la Eurocopa. La auténtica revelación fue el delantero del Zenit, Artiom Dziuba, que anotó ocho goles de golpe. Se espera que Slutski no siga los pasos de sus dos predecesores.

 

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Unas Olimpiadas para 11 ciudades

La construcción de estadios simboliza el rutinario trabajo que suele llevarse a cabo antes de un mundial. Los partidos deberán celebrarse en 12 estadios de 11 ciudades de Rusia.

Tres de ellos ya estaban construidos (Lúzhnikí, Spartak y Kazán Arena), aunque en realidad solo uno de podría acoger un partido hoy mismo, el Spartak, que tiene capacidad para 45.000 espectadores, la misma que el Kazán Arena. El Fisht de Sochi, el estadio principal de los Juegos de Invierno de 2014 (que también tiene 45.000 localidades), todavía no está a punto para el fútbol. Actualmente se están desmontando las instalaciones que se utilizaron durante los Juegos Olímpicos y se está habilitando el campo de fútbol.

Otros dos estadios se están reconstruyendo. El principal campo de Rusia, Luzhnikí, donde se disputará la final del Mundial 2018, se clausuró en otoño de 2013. Se aumentará el aforo del estadio hasta las 80.000 localidades y se remodelarán las gradas, que se acercarán al terreno de juego. Las obras avanzan a ritmo acelerado. Actualmente este complejo es una construcción de proporciones épicas y, si bien a los constructores les queda poco tiempo, muy pronto podremos ver, en pleno corazón de Moscú, un nuevo estadio de fútbol ultramoderno.

El estadio de Ekaterimburgo (la capital de la región de los Urales, que separa Europa de Asia, a 1.800 km de Moscú) se ampliará hasta las 35.000 localidades. Igual que en el caso del estadio Luzhnikí, en la reconstrucción del de Ekaterimburgo los constructores conservarán el aspecto histórico de las edificaciones, que se erigieron durante la década de los años cincuenta.

En cinco ciudades se están construyendo estadios de 45.000 localidades: Nizhni Nóvgorod (a 420 km de Moscú), Samara (a orillas del Volga, a 1000 km de Moscú), Volgogrado (a 900 km de Moscú), Rostov en el Don (la ciudad más grande del sur de Rusia, a 1000 km de Moscú) y Saransk (la capital de la República de Mordovia, a 600 km de Moscú).

En Kaliningrado (la ciudad más occidental de la parte de Rusia que da al mar Báltico) se han demorado más, los trabajos han empezado con retraso, aunque el plazo de entrega de todos los estadios termina en mayo de 2017.

Los estadios serán, seguramente, lo más importante que quede en Rusia tras el Mundial. Resulta paradójico que parte de ellos no se vayan a usar para la competición de clubes nacional, ya que en algunas de estas ciudades no hay ni siquiera club de fútbol. No obstante, los estadios no son ni de lejos lo único que ganarán las regiones cuando termine el Mundial.

En Samara, por ejemplo, se podrán resolver una serie de problemas relacionados con el transporte. Se reconstruirá y se modernizará la principal arteria urbana, la autopista Moskóvskoe. Esta ciudad se dotará de nuevos autobuses y tranvías, algo que ha alegrado especialmente a las autoridades locales y los habitantes.

 

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La mitad de las ciudades se dotará  de nuevas terminales en los aeropuertos. En Rostov en el Don se construirán las primeras “puertas aéreas” tras la desintegración de la Unión Soviética, que se erigirán directamente sobre un descampado. La moderna terminal Kurúmoch de Samara ya hace un año que entró en funcionamiento, mientras que Moscú, San Petersburgo, Kazán, Sochi y Ekaterimburgo no necesitan reconstrucción alguna porque allí todo funciona como es debido.

Sin embargo, a raíz de los atentados de París y Bélgica, las autoridades rusas han contemplado aumentar las medidas de seguridad en las instalaciones del Mundial. En particular, el Gobierno ha propuesto incluir estructuras a prueba de explosiones en la lista de las instalaciones temporales del mundial.

Los habitantes de Sochi y Vladivostok, ciudad que hace tres años acogió la cumbre de la APEC, pueden afirmar que los grandes eventos son capaces de cambiar el modo de vida de toda una ciudad. Si bien en menor medida, eso es lo que ocurrirá en el 2018: se construirán nuevos estadios y aeropuertos, se repararán carreteras y estaciones, se conquistarán territorios… Queda muy poco tiempo y, a un año del Mundial, Rusia también acogerá la Copa Confederaciones. No habrá tiempo ni para echar la vista atrás.

 

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Artículo por: Alekséi Mosko, Alexánder Roguliov, RIA Novosti para RBTH. 
Fotografías: Google Imagenes.